"En efecto, el onirismo no está gobernado por ninguna ley del mundo material. Se rige por una causalidad propia, auto-generativa, que proyecta sobre el espacio del psiquismo todos sus escenarios de representación. Y tanto estos espacios soñados como su temporalidad se revelan ilusorios en el momento de despertar, cuando el mundo en el que ocurren todas las secuencias vividas desaparece y se hace patente la ilusión. El tiempo sólo existe en función del espacio. Sin espacio, sin materia ni objetos que lo ocupen, no hay tiempo, pues el tiempo cobra cuerpo y medida en la dimensión espacial del mundo; mientras que en el sueño, espacio y tiempo son meros simulacros, y sólo existen en función de las necesidades que demandan las imágenes anímicas para expresarse. En suma: en las experiencias oníricas no hay espacio ni tiempo, y por tanto, tampoco existe ningún tipo de causalidad espacio-temporal: la temporalidad del onirismo carece de toda sustancia. Los mundos oníricos están más allá del tiempo."

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