"No sólo hemos recorrido el
territorio del entendimiento puro y examinado cuidadosamente cada parte del
mismo, sino que, además, hemos comprobado su extensión y señalado la posición
de cada cosa. Ese territorio es una isla que ha sido encerrada por la misma
naturaleza entre límites invariables. Es el territorio de la verdad –un nombre
atractivo- y está rodeado por un océano ancho y borrascoso, verdadera patria de
la ilusión, donde algunas nieblas y algunos hielos que se deshacen prontamente
producen la apariencia de nuevas tierras y engañan una y otra vez con vanas
esperanzas al navegante ansioso de descubrimientos, llevándolo a aventuras que
nunca es capaz de abandonar, pero que tampoco puede concluir jamás.”
Immanuel Kant, Crítica de la razón pura, Alfaguara, Madrid, 2005, p. 259.
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