“El Alma del Mundo fue todavía más evidente durante los años
noventa, cuando se puso de moda concebir el universo en términos de
<<información>>, un inmenso proceso informático, en realidad, del
que la mente humana es un subproducto, una pieza que tiene el potencial de
comprender el conjunto. La <<mente>> o la <<vida>> no
necesitan estar limitadas a la materia, sino que podrían estar basadas en
<<plasmas, energía de un campo electromagnético, dominios magnéticos en
estrellas de neutrones>> y cosas parecidas. Podría haber una
<<supermente>> que abarcase todos los campos de la naturaleza –una
especie de <<campo de campos>>- que hubiera existido desde la
Creación y convertido el caótico Big Bang en un cosmos ordenado. No es un Dios
sobrenatural, sino, como señala Paul Davies en Dios y la nueva física,
<<una mente universal que dirige y controla, que se extiende por el
cosmos y hace funcionar las leyes de la naturaleza>>, mientras nuestras
mentes serían <<localizadas “islas” de conciencia en el mar de la
mente>>."
Patrick Harpur, El fuego secreto de los filósofos, Atalanta, Girona, 2010, p. 265
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