miércoles, 21 de agosto de 2013

Los cuentos no mienten

"No hay, por consiguiente, mayor beneficio para el alma del niño, que el dejarla bajo la influencia de lo que realiza la unión de la raíz humana con la raíz de la existencia; él ha de elaborar todavía creativamente la configuración de su propia "gestalt", ya que necesita generar aún las fuerzas plasmadoras que actúan sobre su crecimiento y sobre el desarrollo de todas sus disposiciones: de ahí que reciba como maravilloso sustento anímico las imágenes de los cuentos, arraigadas en la existencia. El hombre, incluso cuando se entrega al racionalismo y a lo intelectual, no puede nunca trascender las raíces existenciales, y cuanto más se consagre a las exigencias vitales, tanto más íntimamente unido estará a estas raíces. Por eso recibe los cuentos con alegría en cualquier edad, si en verdad posee un carácter sano y abierto. No existe edad alguna, ni situación alguna en la vida, que pueda distanciarnos de los efluvios que emanan del cuento, ya que para eso tendríamos que cercenar de nosotros lo más profundo de la naturaleza humana y situarnos al margen del significado de lo que, tan espontáneamente, se expresa a través de él, y a través del simple y natural estado íntimo, significado que es tan ininteligible por el entendimiento."

Rudolf Steiner, La sabiduría de los cuentos de hadas, Editorial Rudolf Steiner, Madrid, 1987, pp. 32-33.


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